sábado, 8 de octubre de 2011

Sexo de riesgo en el trabajo

En esta vida existen prácticas de riesgo que todos asumimos como tales. El puenting, la escalada, la lucha libre e incluso las montañas rusas… Son de esas cosas que practicamos sintiendo que la adrenalina se dispara. Lo que no imaginábamos es que algo tan de estar por casa como hacer el amor pudiese convertirse en un factor de peligro. Incluso en un accidente laboral. El sexo en el trabajo no suele ser la práctica habitual, y menos de riesgo: es más común pincharse con una grapadora o golpearse con la fotocopiadora del pasillo. Pero los tiempos evolucionan y hay procesos jurídicos que pueden crear un precedente peligroso para cualquier empresario. Por el momento la sentencia no está dictaminada, pero la veda que ha abierto una funcionaria australiana puede dar mucho de sí. Estudiantes de relaciones laborales y curiosos en general, no te pierdas lo último en accidentes laborales.


Una habitación entraña más riesgos de lo que parece.

Como decimos, una funcionaria ha denunciado al Estado de Australia tras resultar herida mientras practicaba sexo en la habitación de un hotel. Hotel en el que se hospedaba por motivos de trabajo, pues se encontraba de viaje oficial. La noticia ha sido difundida por los medios locales y recogida por Publico, que ofrece detalles de las dolencias que sufrió la mujer al caerle encima nada más y nada menos que una lámpara del techo mientras mantenía relaciones sexuales con su compañero. Su abogado, Leo Grey, afirma que la chica sufrió varias lesiones en la boca, los dientes y la nariz… sin contar con las secuelas psicológicas que se derivan. Para ella y sus abogados, este hecho es un accidente cotidiano acaecido en su ‘lugar de trabajo‘, ya que de no haber sido por sus obligaciones laborales nunca hubiese visitado el hotel y, por lo tato, la lámpara no se le hubiese caído encima.

En definitiva, lo que se pide es “una compensación por daños y perjuicios debido a que el incidente ocurrió mientras se encontraba de viaje por motivos laborales“. ¿Qué tienen que decir a todo esto los representantes de la empresa? Si el principal argumento de la acusación se basa en que el sexo es un hecho tan cotidiano como comer, dormir o asearse, el abogado del Estado cree, sin embargo, que comer, dormir y atender a su higiene son actividades sin las que no se puede vivir. El sexo no es uno de ellos. La defensa cree, por tanto, que el hecho de mantener relaciones sexuales es una actividad opcional que no corresponde a las necesidades primarias de la trabajadora durante su desplazamiento.

Ya conocemos la opinión de la defensa y de la acusación, pero ¿qué tiene que decir a todo esto el individuo con el que practicaba sexo la susodicha? Para él, los hechos son muy confusos, por lo que su calidad de testigo no beneficia ni a unos ni a otros. La versión del partenaire solo dice que la lámpara cayó, y que él no sabe cómo porque la cosa estaba “poniéndose caliente“. Como vemos, mezclar sexo y trabajo nunca suele dar buenos resultados. Aunque tan solo sea un anoche.

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